La falta de reconocimiento y su efecto en la salud mental
La falta de reconocimiento y su efecto en la salud mental
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La necesidad de sentir que somos importantes para otras personas forma parte del bienestar emocional. No se trata únicamente de recibir elogios o reconocimiento, sino de percibir que nuestra presencia tiene valor, que somos tomados en cuenta y que también podemos aportar algo significativo a quienes nos rodean.

Este sentimiento ha sido estudiado desde hace décadas. En los años ochenta, el sociólogo Morris Rosenberg, profesor de la Universidad de Maryland, planteó que, después de cubrir necesidades básicas como alimento y refugio, las personas también buscan sentir que importan dentro de sus vínculos y comunidades. Esa búsqueda puede influir en la forma en que actuamos, nos relacionamos y construimos nuestra identidad.

La autora Jennifer Breheny Wallace, en su libro Mattering: El secreto para una vida de profunda conexión y propósito, explica que esta experiencia se sostiene sobre tres elementos principales: sentirse significativo, apreciado y valorado. Cuando alguno de estos aspectos falta, la salud emocional puede verse afectada.

Por qué necesitamos sentirnos valorados

La doctora María Teresa Calabrese, endocrinóloga, psiquiatra y psicoanalista especializada en enfermedades psicosomáticas, señala que esta necesidad tiene raíces profundas. Según explica, cuando una persona siente que no es importante para otros, pueden reactivarse experiencias primitivas relacionadas con la dependencia del cuidador durante la infancia.

Los seres humanos nacemos en una condición de gran vulnerabilidad. Durante los primeros años de vida dependemos casi por completo de otra persona para sobrevivir, recibir atención, protección y afecto. Por eso, el vínculo con el cuidador tiene un papel clave en la forma en que después nos sentimos seguros, queridos o reconocidos.

Cuando un bebé recibe atención, tiempo y cuidado, puede desarrollar un apego más seguro. En cambio, si fue percibido como una carga o no recibió una respuesta emocional suficiente, puede crecer con una necesidad constante de confirmación externa. En la vida adulta, esto puede traducirse en buscar de manera repetida señales de interés, afecto o aprobación por parte de los demás.

Redes sociales y búsqueda de validación

Esta necesidad también puede observarse en la relación con la tecnología y las redes sociales. La doctora Calabrese vincula la búsqueda de “me gusta” con el deseo de sentirse reconocido. Cada reacción positiva puede activar el circuito de recompensa del cerebro y generar una sensación momentánea de aprobación.

El problema aparece cuando esa validación externa se vuelve una necesidad constante. Si una persona depende demasiado de las respuestas digitales para sentirse valiosa, puede experimentar ansiedad, frustración o tristeza cuando no recibe la atención esperada.

Sentirse útil y sentirse apreciado: dos partes de una misma experiencia

El psicólogo Isaac Prilleltensky, de la Universidad de Miami, sostiene que el bienestar relacionado con sentirse importante incluye dos dimensiones: ser valorado y aportar valor. Es decir, no basta con recibir reconocimiento; también necesitamos sentir que nuestras acciones, trabajo, presencia o apoyo tienen un efecto positivo en los demás.

Una persona puede sentirse valorada por sí misma, por su familia, por su comunidad o por su trabajo. Al mismo tiempo, también puede aportar valor a esos mismos espacios. El equilibrio entre ambas experiencias contribuye a una vida más plena y conectada.

Cuando ocurre lo contrario, y alguien siente que no cuenta para nadie o que su presencia no hace diferencia, pueden aparecer consecuencias emocionales importantes. Diversos estudios han relacionado esta percepción con mayores niveles de ansiedad, tristeza, aislamiento y deterioro del bienestar general.

La sensación de irrelevancia puede aumentar la soledad

Sentirse parte de una familia, un grupo o una comunidad influye directamente en la calidad de vida. Cuando una persona siente que no tiene un lugar significativo en esos espacios, la soledad puede intensificarse.

El psicólogo Gordon L. Flett, de la Universidad de York en Toronto, ha señalado que gran parte de la crisis de soledad actual está relacionada con la percepción de no ser importante para los demás. Esta sensación puede llevar a que algunas personas se alejen, pierdan interés en participar o se refugien en hábitos que adormecen el malestar emocional, como el uso excesivo de pantallas o sustancias.

Jennifer Breheny Wallace también advierte que cuando las personas sienten que no tienen valor social, pueden reaccionar con enojo, aislamiento o conductas destructivas. En casos extremos, esa percepción puede estar asociada con un sufrimiento emocional profundo.

El impacto del nido vacío y los cambios de etapa

La doctora Calabrese explica que esta necesidad de sentirse importante no desaparece con la edad. Puede reactivarse en distintas etapas de la vida, como cuando los hijos se van de casa.

El llamado “nido vacío” puede despertar sentimientos de abandono, especialmente en personas que tuvieron vínculos inseguros durante la infancia. Aunque racionalmente sepan que los hijos están construyendo su propio camino, emocionalmente pueden experimentar una sensación de pérdida, soledad o falta de propósito.

Según la especialista, muchas veces la persona no identifica con claridad qué le ocurre. Puede pensar que simplemente está triste por la partida de los hijos, cuando en realidad se han reactivado emociones antiguas relacionadas con el miedo a no ser necesaria o a quedar sola.

La jubilación y la pérdida de reconocimiento laboral

Otro momento sensible es el retiro laboral o la pérdida de empleo. Para muchas personas, el trabajo representa una fuente importante de identidad, reconocimiento y utilidad. A través de sus tareas, responsabilidades y vínculos profesionales, reciben señales de que su aporte tiene valor.

Cuando esa rutina desaparece, también puede desaparecer una forma de validación social. Esto puede afectar la autoestima, especialmente si la persona no encuentra nuevos espacios donde sentirse útil, apreciada o conectada.

Wallace sostiene que para recuperar esa percepción de valor es necesario combinar dos experiencias: sentirse reconocido y tener oportunidades reales de aportar algo al entorno. Sentirse útil, saber que otros cuentan con nosotros y notar que nuestras acciones hacen una diferencia fortalece la autoestima.

Cuándo pedir ayuda profesional

De acuerdo con la doctora Calabrese, cuando la sensación de no valer o no importar es intensa, persistente o causa mucho sufrimiento, es recomendable buscar apoyo psicológico. La terapia puede ayudar a comprender de dónde vienen esas emociones y cómo modificarlas.

Algunas personas pueden tener muchos valores visibles para su entorno, pero aun así sentirse insignificantes o desvalorizadas. En esos casos, no se trata simplemente de recibir más elogios, sino de trabajar internamente la forma en que la persona se percibe a sí misma y se vincula con los demás.

Si el malestar es pasajero, puede ser más fácil de manejar. Sin embargo, cuando se vuelve profundo o constante, puede abrir la puerta a cuadros de tristeza intensa, ansiedad u otras dificultades emocionales que requieren atención.

Cómo fortalecer los vínculos y el sentido de pertenencia

Cultivar relaciones significativas es una forma importante de proteger la salud mental. Los especialistas James Pawelski y Suzie Pileggi Pawelski explican que las relaciones no se mantienen fuertes por sí solas. Al igual que el ejercicio físico, requieren intención, práctica y cuidado.

Por eso proponen pensar en los vínculos como una especie de entrenamiento emocional. La idea es practicar hábitos que fortalezcan la conexión con otras personas: expresar gratitud, dedicar tiempo de calidad, escuchar con atención y recordarles a otros que también son importantes.

Un ejercicio sencillo consiste en preguntarse: ¿quién me ha hecho sentir importante en mi vida? ¿A quién podría recordarle hoy que su presencia tiene valor?

También recomiendan reunirse con un amigo o familiar para expresarle cariño y agradecimiento. Si no es posible hacerlo en persona, una llamada o un mensaje breve puede ser suficiente para generar bienestar en ambas partes.

Las relaciones deben ocupar un lugar central

Los vínculos no deberían ser tratados como algo secundario que solo atendemos cuando queda tiempo. Al contrario, forman parte esencial del bienestar emocional y de la construcción de una vida con sentido.

Invertir en las relaciones familiares, sociales y comunitarias ayuda a reducir el aislamiento, fortalece la autoestima y enseña a las nuevas generaciones la importancia de cuidar los lazos humanos. Sentirse valorado y hacer sentir valiosos a los demás puede convertirse en una de las formas más simples y profundas de proteger la salud mental.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).